Los distintos vestidos del Sol

Día de Sol. Nos vamos a la playa, o por el contrario nos quedamos en cualquier sitio tumbados, todo por aprovechar la mayor cantidad posible de la radiación con que nos proviene nuestro vecino luminoso.
Si lo miramos (cuidado con la vista…) siempre le vemos la misma cara: un círculo de color amarillento que ilumina mucho… y sin ningún rasgo que le distinga si está contento o aburrido.

Sin embargo, hay mucho más detrás de lo que podemos ver…

Lo que podemos ver

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Desde el siglo X, los chinos se dieron cuenta que de vez en cuando el Sol presenta ciertos puntos negros (manchas) sobre su superficie, que aparecen, se mueven por ella, y finalmente desaparecen.
Para poder ver ésto se valían de las salidas o puestas del Sol, cuando éste pasaba por detrás de una capa de bruma o niebla. Así le podían observar durante unos instantes sin quedarse ciegos.

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Una vez Galileo probó el telescopio para las estrellas, también se dio cuenta de estas manchas, haciendo un seguimiento más detallado.
No entraré en más detalles sobre estas manchas o por qué se producen, ya que lo expliqué anteriormente.
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Pero lo que podemos ver con nuestros ojos (o ayudados con un telescopio) es principalmente estos rasgos: las manchas solares. Aunque también podemos apreciar zonas, como nubecillas, brillantes, ligeramente por encima de lo que se considera la superficie del Sol (recordemos que es una bola de gas, así que no tiene superficie propiamente dicha), llamadas fáculas. Que sean más brillantes se debe a que están a una temperatura ligeramente mayor.

Y la última cosa que nos permite ver nuestros ojos, aunque esta vez necesitamos que la Luna esté presente (eclipsando al Sol) es la corona solar. Esa gran «cabellera» de gas que rodea al disco del Sol y que solo se puede ver (de manera natural) en un eclipse de Sol.

Pero hay más tesoros

Sin embargo, si cambiamos nuestra visión y en vez de ver en luz visible (lo que ven nuestros ojos) vemos en otro rango de luz (ultravioleta, microondas, rayos X, infrarrojos, etc) nos encontramos con otras estructuras y fenómenos llamativos.

La línea del Hidrógeno y las protuberancias

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Si, por ejemplo, vemos en un «color» muy determinado, cercano al rojo- infrarrojo, y que se corresponde con el «color» más brillante que podemos ver emitido por un átomo de hidrógeno, nos encontramos con unas estructuras que salen del disco del Sol, las protuberancias, y que normalmente podemos ver en un par de horas que han cambiado, evolucionado.

Esto se debe a que al ver en dicho «color», estamos viendo una zona de menor temperatura: más externa a la superficie solar, lo que en un análogo con la Tierra sería las capas bajas de la atmósfera.

Y en la superficie lo que vemos es estas mismas estructuras, pero como en este caso las vemos por encima de una zona a más temperatura, por contraste las vemos oscuras.

Los rayos X y la corona

Una de las cosas que más pueden chocar del Sol es que la corona (lo que vemos durantes los eclipses) está mucho más caliente que la propia superficie del Sol, por eso la vemos de un color blanquecino en vez de color amarillento.

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Esto trae consigo que en los rayos X es donde más luz emite, así que en esta «luz» es donde vamos a encontrar fenómenos nuevos.
Y lo que encontramos son las zonas donde chocan diferentes masas de partículas que están cargadas eléctricamente de forma distinta, además de cambios bruscos en el campo magnético del Sol, lo que nos da como resultado zonas donde observamos fuertes explosiones, además de «líneas» que se corresponden a las zonas por donde se «escapa» material muy caliente del Sol.

Estos son solo algunas muestras importantes de las que guarda el Sol, aunque hay muchos otros. Por lo tanto, aquí es uno de los casos donde podemos decir que nuestros sentidos nos «engañan».
La próxima vez que toméis el Sol, podéis verle con distinta cara 😉

NOTA: no descarto hacer un análisis más detallado sobre las distintas visiones del Sol, aunque algo más adelante.
Las protuberancias (anteúltima imagen) suelen ser mucho más espectaculares, pero en época de mínimo el Sol no da para mucho más.

El por qué de las manchas solares y el ciclo solar

Debido a que el Sol es una esfera de gas que rota, se obtiene que a distintas latitudes su superficie viaja a una velocidad diferente y como consecuencia, el periodo (o día solar) es distinto para dos puntos situados a una latitud diferente.
El día solar que se estable es de unos 25 días, que corresponde con el día existente en el ecuador. Si bien, cerca de los polos este valor asciende hasta unos 35 días.

Como consecuencia de ésto, el campo magnético del Sol también se va desplazando junto a la superficie, con lo que dicho campo se va «enredando» a lo largo de la superficie. Esto provoca que en ciertos sitios dicho campo se haga más intenso, produciendo una región activa, lo que provoca que esa zona es más inestable y es más propensa a crear erupciones solares, además de manchas solares debido a que el gas encerrado en dicho campo magnético local se enfría unos 1000º por debajo de la temperatura normal, suficiente para que, por contraste, veamos una zona oscura.

Sin embargo, este proceso está enmarcado en un ciclo de 11 años en el cual el campo magnético del Sol se invierte (el polo sur pasa a ser el norte y al revés), al igual que ocurre el la Tierra, solo que con un periodo mucho mayor (de unos 200.000 años). El por qué de que sean 11 años no está todavía del todo claro.
A lo largo del ciclo, el campo magnético se va aglutinándose en la franja del ecuador, desplazamiento que se puede observar mirando las manchas solares, que cada vez van produciéndose más cerca del ecuador, hasta que al final del ciclo solo se producen sobre el ecuador prácticamente.

Por lo tanto, en estos 11 años, el Sol pasa por un máximo de actividad, después del cual comienza a reducir su actividad hasta llegar al mínimo, donde se ve relevado por un nuevo ciclo.

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Actualmente estamos en dicho mínimo, obteniendo varios meses sin observar ni una sola mancha solar. El primer grupo de manchas solares del nuevo ciclo se produco hace unos meses, aunque éste fue muy débil, y estos días ha salido un grupo algo más desarrollado, lo que puede ser un indicativo de que cada vez falta menos para comenzar el ascenso en la actividad solar. (Cabe destacar que el momento en el que se produce el mínimo no se puede certificar hasta que han pasado varios meses de éste, ya que se toman datos promediados durante varios meses para reducir los posibles picos de actividad que se pueden producir).

Más información y un seguimiento del ciclo solar se puede encontrar en Parhelio.