Las tres salidas de la investigación en España: por tierra, mar y aire

Los franceses ganaron el Nobel de Química en 2005, pero Nadal les arrebató el Rolland Garros de aquel año. Los franceses ganaron el Nobel de Física en 2007, pero Contador se llevó el Tour. Los franceses ganaron el Nobel de Medicina en 2008, pero la Eurocopa fue nuestra. Volvieron a ganar el Nobel de Medicina en 2011, pero el Barça conquistó la Champions.

Extraído de este post
Así es, es la diferencia entre España y los países desarrollados.
Haciendo un recuento rápido en número de premios Nobel científicos, podemos encontrar a Australia (10), Austria (10), Bélgica (4), Hungría (9) u Holanda (16). Todos ellos muy por encima de España, donde únicamente contamos con Ramón y Cajal, como primer y último Nobel científico español, hace más de 100 años ya.

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A la Naturaleza le gusta las cosas raras ¿o será a nosotros?

A pesar de su desconcertante formulación y de la extraña versión que proporciona de la realidad, la mecánica cuántica nunca ha fallado en una prueba experimental. Es extraordinariamente fiable aunque no transparentemente comprensible. Probablemente sea cierto que “nadie entiende la Mecánica Cuántica”, aunque es igualmente cierto que de alguna maravillosa manera la Mecánica Cuántica entiende al Universo.

Eugene Hecht.

Y es que a veces parece que a los físicos cada día les gusta más hacer teorías extravagantes. Todo era bastante aceptable cuando únicamente se tenían las Leyes de Newton, que decían cosas sobre que si se le da una patada a una pelota ésta se acelera, y que si esa pelota es menos pesada, se acelerará más. También decían cosas algo menos evidentes, como que si hago una fuerza, el objeto sobre la que lo hago hace una fuerza igual y contraria a la mía. Lo que describe el resultado de que al dar un puñetazo contra la pared (dejadlo únicamente para cabreos espontáneos fuertes), mi mano sufre un golpe semejante al que doy a la pared, por lo que acabará bastante perjudicada. O también que todos los objetos caen (hacia abajo) con igual aceleración, debido a la gravedad de la Tierra.

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Tirar demasiado de la cuerda

Es para mí un gran alivio saber que por fin el universo tiene explicación; empezaba a pensar que era yo. Pero resulta que la física, como un familiar irritante, tiene todas las respuestas.

El Big Bang, los agujeros negros y el caldo primordial aparecen todos los martes en la sección de ciencias del Times, y gracias a eso mi comprensión de la teoría de la Relatividad General y de la Mecánica cuántica están ahora a la altura de la de Einstein, o sea, de Einstein Moomjy, el vendedor de alfombras. ¿Cómo he podido vivir hasta ahora ignorando que en el universo hay cosas pequeñas del tamaño de la ”longitud de Planck”, que miden una millonésima de una milmillonésima de una milmillonésima de una milmillonésima de centímetro? Si a ustedes se les cae una en un teatro a oscuras, imaginen lo difícil que sería encontrarla. ¿Y cómo actúa la gravedad? Y si de pronto dejara de actuar, ¿seguirían ciertos restaurantes exigiendo chaqueta? Lo que sí sé de física es que, para un hombre situado en una orilla, el tiempo pasa más deprisa que para un hombre que se halla en un barco, sobre todo si el hombre del barco va acompañado de su esposa. El último milagro de la física es la Teoría de Cuerdas, que ha sido anunciada como una TDT, una ”Teoría de Todo”. Ésta puede explicar incluso el incidente de la semana pasada que aquí describo.

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Un día cualquiera

Es un día cualquiera en el intervalo cerrado y acotado delimitado por el primer y el último día de clase del segundo cuatrimestre. El despertador suena con periodo constante, pero un campo atractivo que parece infinito me mantiene con una normal mayor que cero bajo las sábanas. Sin duda pesaba sobre mí los efectos del día n − 1.

Cada vez me parecía menos congruente salir con mis semejantes en busca de la aplicación biyectiva que me hiciera corresponder un elemento en el espacio vectorial dual. Pese a que invertía en ello considerables esfuerzos, el trabajo resultante siempre era nulo, o simplemente únicamente existía transferencias de calor con isótopos rápidamente inestables. Debe ser que pertenezco al núcleo de f sin saberlo… Pero aún no había sido capaz de demostrarlo. ¡Para todo x perteneciente al resto del mundo es tan fácil hallar su f(x) correspondiente…! Todos parecen contentarse con aproximarse a la tangente de dos theta, tender asintóticamente al seno. Sin embargo, mis desarrollos casi nunca superaban el primer grado, yo siempre era reducido a un infinitésimo tan rápido como un uno partido de n!.

Por fin, y con un gran impulso, conseguí abandonar la cama en el instante t. Es el principio de una mañana de utilidad marginal infinitesimal, pero si no me levantaba ese infinitésimo tendería a un orden todavía mayor, así que decidí prepararme un épsilon de café y afrontar la sucesión de problemas que la jornada me deparaba.
Mi renta disponible amenazaba con abandonar el cuerpo de los números reales, adentrándose en el terreno imaginario. Mi voluntad de ponerme a estudiar parecía no estar definida en este tramo de t, cualquier otro punto de energía potencial era prácticamente inalcanzable a menos que una fuerza externa me sacase de este indeseable equilibrio.

Todo esto implicaba que las cosas no marchaban bien, demostré sin esfuerzo (por reducción al absurdo) que para todo intento de hacer algo de provecho existiría algún agente externo que lo impidiera. Un exceso de variables exógenas nublaron mi hipótesis inicial.
Miré por la ventana… Sin duda había un mundo caótico ahí afuera, carente de toda linealidad. Si me resulta tan complicado a mí, cuánto más no le resultará a toda persona distinta de mí, que ignore las matemáticas y la física que rigen la naturaleza”. Existirá un n0 a partir del cual todo día será mejor.
FIN

PD. Texto redescubierto (con ligeros cambios) entre los unos y ceros de mi disco duro. Desconozco el autor original (y no lo he encontrado rastreando un poco en The Little Devil, alias Google).
Un buen texto para todo el que haya hecho un curso de primero de física al menos…

Funcionamiento de los relojes

Los relojes son una de esas cosas que llevan con nosotros mucho tiempo, usándose cada día, muchas de las veces sin darnos cuenta.
Primero fueron los relojes de arena y los de Sol, donde éstos últimos todavía marcan la hora en un gran número de edificios o plazas, aunque ya no suelen ser muy usados.

Ya en época reciente, aparecieron los relojes de pulsera, los cuales en principio iban a cuerda, aunque después fueron sustituidos rápidamente por los de cuarzo, que son los que se suelen utilizar actualmente.
Pero si nos preguntan cómo funciona realmente uno de estos relojes… ¿quién sabría responder?.

Para que esto no pase, aquí tenemos dos vídeos donde muestran el funcionamiento de un reloj de cuerda, mecánico (el primero, en inglés) y el de un reloj de cuarzo (el segundo vídeo, ya en español).

  • Visto en Gizmodo.
  • El agua destilada como jinete del apocalipsis

    Muchas veces se ha oído por ahí y hemos aceptado como cierto que una de las cosas que no puedes hacer nunca, aunque vayas por un monte arrastrándote sin fuerzas por no tener agua que beber y estés deshidratado ya, es agarrar una botella de agua destilada y bebértela hasta la última gota, pues en ese caso tu cuerpo (tus células) comenzarán a absorber agua y más agua hasta explotar, con resultados poco saludables para el individuo (aunque vale quizá lo de encontrar una botella precisamente de agua destilada en mitad del bosque no sea muy común, pero quién sabe qué clase de botellas te puedes encontrar… y total, si hay gente que encuentra lámparas mágicas en mitad del desierto… a nosotros nos vale).

    La razón más común que se suele decir de por qué el agua destilada, pese a su apariencia inocente, puede resultar tan mala es que como este agua no contiene ningún tipo de sales minerales, al absorberla en el cuerpo se junta con nuestras células, las cuales como sí tienen una concentración de sales en el líquido que contienen, comienzan a absorber esta agua hasta conseguir que se igualen las concentraciones de sales dentro y fuera de la célula (lo que comúnmente se denomina osmosis). Y claro, al ser agua destilada, fuera hay concentración cero por lo que las células absorberán agua hasta que terminen reventando.

    Claro que si por el contrario bebemos agua “normal” (mineralizada) pues estas concentraciones son más igualadas y nuestras células no llegan a explotar, si no que todo funciona perfectamente y nosotros sobrevivimos sin imprevistos, para disgusto de los conocidos quizá.

    ¿Dónde está el fallo?

    Pues veamos las concentraciones que tiene cada agua en comparación con las del cuerpo humano.

    • El agua destilada como hemos dicho, tiene una concentración de sales de 0 g/l (no tiene sales, sólo es agua).
    • Nuestro cuerpo tiene una concentración promedio de unos 9 g/l. Es decir, tenemos una buena cantidad de sales en nuestro organismo.
    • Aunque en comparación con el agua del mar, somos poco salados, ya que ésta tiene una concentración, normalmente, de entre 30 y 40 g/l. Por esta alta cantidad es por lo que sí es cierto que NO podemos beber agua del mar ya que te deshidrataría rápidamente al intentar igualar esa concentración.

    Ahora bien, y ¿las aguas embotelladas?. Mirando la inscripción de cualquier botella podemos ver cuántas sales tiene (de hecho hay gente que lo utiliza para elegir una u otra… pero eso es otra historia).
    Por ejemplo para una botella de agua de Solares, tenemos una concentración de unos 500 mg/l, es decir, 0.5 g/l, siendo ya una de las marcas con una gran mineralización.
    En cambio, para aguas de baja mineralización, como Bezoya, nos encontramos con concentraciones de unos 50 mg/l, es decir 0.05 g/l.

    Es decir, el agua de Bezoya se diferencia de un 0.5 % del agua destilada cuando la comparamos con la concentración de nuestro cuerpo, y en las botellas con mayor concentración, que la mayoría se suelen quedar en unos 0.5 g/l como mucho, obtenemos una diferencia de un 5 % solamente.

    Por lo tanto, se puede concluir que nuestro cuerpo ni se entera de si estamos bebiendo agua destilada o agua embotellada, puesto que ambas tienen una concentración bastante similar (i.e. el agua de mineralización débil es prácticamente agua destilada).

    Y aquí es donde se puede ver que el aporte de sales a nuestro organismo se debe prácticamente a lo que comemos. Por ello, ya sea agua destilada o embotellada, siempre hay que acompañarlo de alimentos, no pudiendo sobrevivir únicamente con agua ó teniendo incluso problemas si se bebe excesiva agua (habiéndose producido ya muertes en concursos de resistencia realizando tal o cual actividad, por haber consumido únicamente agua, y mucha, durante ese periodo).

    Ahora tampoco ahora hay que darle privilegios al agua destilada como en ocasiones intentan algunos, puesto que no hay ningún estudio concluyente de que el agua destilada sea mejor o peor que la embotellada.

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