Del principio al final, por un observador anónimo

Inmersos en una total oscuridad, alrededor nuestro únicamente vemos una espuma caótica que rápidamente va cambiando, como las olas de un mar embravecido. Realmente no sentimos ni calor ni frío, únicamente una absoluta soledad, únicamente acompañada de la incógnita de cómo hemos podido llegar hasta ahí, pues no recordamos nada de nuestro pasado.

Al cabo de un cierto tiempo una de las olas de dicha espuma emerge alrededor nuestro, elevándose y deteniéndose en el tiempo. Inicialmente no notamos nada nuevo, aunque pronto esto cambia de una forma drástica. De repente todo a nuestro alrededor parece uniformizarse y alejarse rápidamente, a una velocidad endiablada. Así, en un instante ese mar ha pasado a sentirse como una inmensa planicie, en donde no observamos la más mínima imperfección. Pero este fenómeno a traído consigo otra consecuencia: hemos empezado a notar calor; al principio bastante débil, pero la temperatura se ha ido incrementando rápidamente hasta hacerse insoportable, lo cual únicamente se hacía llevadero debido a que simultáneamente hemos dejado de estar solos. Han empezado a aparecer otras criaturas. Pero éstas eran demasiado pasajeras: se iban a la misma velocidad con la que habían venido. Aunque cada vez que se iban, aparecía un número mayor de visitantes, éstos distintos a los anteriores, en general más… livianos.

Así pasó un tiempo apreciable, hasta que por fin un día todo parecía alcanzar un estado más en calma. Todo seguía oscuro, impidiendo ver más allá de lo que teníamos inmediatamente al lado, como si de una niebla increíblemente espesa se tratase. Sin embargo nos habíamos asentado en un lugar donde, aunque nuestros vecinos seguían yendo y viniendo, ahora siempre eran los mismos, facilitando así cierta confianza e interacción con ellos.
Pero cuando ya nos habíamos habituado a esta situación sucedió algo imprevisto: se hizo la luz!. Esto coincidió con el hecho de que nuestros vecinos se habían juntado, ya no iban cada uno por su lado… había nacido el átomo!. Así, de repente pasamos a ser espectadores de un increíble número de “pelotitas” que iban de un lado a otro, chocando entre sí sin control alguno, acompañados de una luz cegadora que lo abarcaba todo.

Paulatinamente esta luz fue atenuándose, haciéndose más cómoda para cualquier ojo curioso, aunque del resto nada cambió. Así pasaron los años… hasta que poco a poco comenzaron a surgir asociaciones, agrupaciones mayores. Con ello se cimentaron diversas entidades, algunas de las cuales proveían luz en la ya, de nuevo, reinante oscuridad, puesto que la luz que antes bañaba todo se había atenuado hasta hacerse inapreciable. Estos luceros eran como faros en la oscuridad de un mar en calma, indicativos de que ahí había algo, y convirtieron los días y las noches (realmente no existía tal diferencia) en un espectáculo digno de ver, con un cielo totalmente estrellado.

Esto se masificó hasta que empezó a quedar patente que todas estas estrellas se aglutinaban en grupos, como habitantes en ciudades, obteniéndose las primeras galaxias en lo que hasta entonces era una inmensa llanura desértica y oscura. Sin embargo todo era aún un caos. El ritmo al que se iban encendiendo estas velas era aún muy alto, y aunque poco a poco iba en decremento, seguían formándose estrellas masivas, extremadamente fogosas, que presentaban una vida extraordinariamente corta, por lo que pronto comenzaron a morir las primeras, en maravillosas explosiones que iluminaban todo a su paso.
Estas explosiones llenaban el espacio de elementos más pesados, lo que daba una riqueza y variedad mayor a éste, aunque por contra, de estas explosiones quedaban como desechos algo totalmente opuesto a lo que lo había originado: estrellas totalmente oscuras, que no brillaban, eran totalmente negras.
Así nos sumergimos rápidamente en un ciclo rápido de nacimiento y muerte de estrellas, hasta que en algún momento estos elementos “más pesados” eran lo suficientemente abundantes para juntarse, al igual que lo habían hecho sus precursores para formar estrellas. Con ello comenzaron a surgir, normalmente en torno a éstas, pequeños (diminutos) cuerpos rocosos, que giraban como tiovivos alrededor de éstas, insignificantes a poco que nos alejáramos de ellos la verdad.

Este ciclo se iba repitiendo sucesivamente con el paso inexorable del tiempo, en un Universo que se encontraba en su plenitud. Incluso algunos de estos sistemas pudieron dar lugar a otras criaturas quizá algo más interesantes: algunas que además de nacer y morir, incluso se reproducían y organizaban socialmente. Al menos en el tiempo en que sus respectivas estrellas les dejaban tranquilos antes de llegar a su muerte.

Y así pasó el tiempo… mucho tiempo. Hasta que poco a poco la materia estuvo cada vez más diseminada, o una parte considerable de ella estaba ya retenida en los restos de ese pasado: pequeños cuerpos como estrellas enanas que poco a poco se iban apagando, densas estrellas de neutrones o aún más densos agujeros negros. Así, una vez más, la luz que brillaba en el Universo volvía a apagarse poco a poco… a medida que las últimas estrellas que se producían iban consumiéndose y quedando únicamente sus esqueletos. Con ello, el Universo quedó oscuro, y frío. Aunque continuaba expandiéndose. Ya no quedaba mucho más por hacer… todo se apagó.

Salvo, quizá, que dicha expansión fuese el comienzo de una expansión idéntica a la mencionada en el segundo párrafo… pudiendo iniciarse de nuevo un proceso similar.

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