Glorias en el monte

Imaginemos uno de esos fin de semanas en que nos entra el gusanillo aventurero, ya sea porque somos uno de tantos que están en el paro y nos aburrimos, acabamos de ver una película de Cocodrilo Dandee y nos ha picado el gusanillo o simplemente tenemos necesidad de tirar para el monte, como las cabras.

Además, supongamos que hemos descartado la idea que se nos habrá pasado por la cabeza de agarrar el cuchillo jamonero, vestirse de giri de safari y salir a cazar truchas al estilo Robinson Crusoe y su inseparable Wilson.
Por tanto, al final nos convencemos de algo menos arriesgado y nos vamos a hacer una ruta por la montaña, no sin antes de convencer a unos cuantos pobres inconscientes (véase nuestros amigos) o a otras compañías.
Total, que salimos por la mañana con todo el equipamiento habitual para echar el día en la montaña.

El problema surge cuando ya empieza a caer la tarde, momento que coincide con otra caída: el de los ánimos y las fuerzas del resto del grupo y que llevan bastante rato contando cada paso que dan. Pues en esos mismos instantes, uno tiene la “suerte” de levantar la vista y observar… esto:

gloria.png

Bien, ante tal escena con bastante probabilidad puede pasar dos cosas:

  • Nuestros amigos crean que estamos ante una aparición de la virgen (aunque yo diría que sería una virgen algo oscura en tal caso…) y comiencen a venerarla.
  • Nuestros amigos piensen que se trate de un completo extraterrestre (total, ya estamos acostumbrados a que nos confundan con cosas peores verdad?) que ha venido bien en plan diplomático para entablar conversación con la Tierra, o en plan conquistador para aniquilarnos a todos (aquí que cada uno elija su película favorita).

En cualquiera de los dos casos, es posible que nos quedemos solos ante unos huidizos… cobardes.

Y en ese momento es justo cuando podemos aprovechar para examinar e indagar más sobre qué narices estamos viendo.
Por supuesto, pronto nos damos cuenta de que ese bicho desproporcionado y con patas largas somos nosotros mismos, o más bien, nuestra sombra.

Ahora bien, hasta ese momento seguramente no nos habríamos dado cuenta de que íbamos por el mundo con una aureola en la cabeza… (¿será eso a lo que se refieren los “iluminados” que nos encontramos por la calle y nos dicen que ven nuestro aura?) o quizá sea que realmente no la tengamos, y esos colores sean cosa de algo raro.

Por supuesto, eso no es un arcoiris que se produce a nuestro alrededor ya que éstos son mucho más grandes y se producen con un ángulo de 42º como ya sabemos, aunque los coloritos nos indican que algo en común igual sí tienen, además de que está justo en la dirección opuesta al Sol.

Realmente estamos contemplando un fenómeno no muy común (aunque tampoco tan excesivamente raro como para que ya no haya innumerables imágenes por la red de dicho efecto, sobre todo desde que ya hay tanta gente que coge un avión que es relativamente más habitual observarlo con la sombra del avión), llamado gloria, ó espectro de Brocken (desconozco los detalles de si existe alguna diferencia entre ambos términos, pero los dos se suelen referir a fenómenos bastante semejantes ó uno contenido en el otro al menos).

Explicación del fenómeno

Si nos fijamos en qué es lo que tenemos, veremos que por un lado está el Sol, justo detrás nuestro, a 180º de donde se produce nuestra… “iluminación”, por supuesto con el aura únicamente en nuestra cabeza, no por los brazos. En dicho lado, observamos que hay niebla, la cual quizá juegue un papel fundamental (siempre tiene que estar presente, y sobre todo aquí con la pinta de película de terror que tenía al principio).

Por tanto, pongámonos a reconstruir qué le pasa a la luz:
ésta viene del Sol y pasa alrededor nuestro directa hacia el banco de niebla. Aquí, los rayos de luz se encuentran con unas gotas bastante gordas de agua, las cuales podemos tendrán una forma aproximadamente esférica, haciendo que el rayo entre en éstas pero una vez dentro sufra varias reflexiones hasta que por fin consigue salir de ella. Parte de la luz habrá salido (desviada) hacia delante, y otro hipotético montañero, llamémosle Johnny, que estuviera delante nuestro, a cierta distancia, vería dicho halo en torno a nuestra cabeza, a lo que siempre que sea físico o racional lo llamaría corona (otro más místico lo llamaría aura, o incluso divinidad).
Pero a lo que nos interesa a nosotros y no a nuestros amigos imaginarios: otra parte de la luz se escapará casi hacia atrás, en dirección contraria a la que entró, es decir, hacia nosotros de nuevo, solo que formando un pequeño ángulo (de alrededor de 2º, aunque depende mucho del tamaño de las gotas de agua, para la primera circunferencia brillante).
Por ello, la veremos justamente en torno hacia nuestras cabezas, y ahora la llamaremos gloria (quizá porque da gloria verse como el Elegido).
Por supuesto, para más detalles, se puede mirar el artículo de ¿Cómo se forman las glorias?, de Philip Laven.

Por último, una de las curiosidades que nos habrá pasado inadvertida salvo que nuestros amigos no hubieran salido corriendo es que dicha aureola únicamente la observamos sobre nuestra cabeza, y no sobre las de nuestros amigos (¡somos los elegidos! podemos pensar rápidamente), y sí, efectivamente somos los únicos elegidos, aunque tristemente solo para nosotros mismos, pues para nuestro compañero de al lado, él será el elegido y nosotros no tendremos ninguna aura especial…

Más información

  • Imagen vista gracias a @mezvan, rettuiteado por @Irreducible.
  • Más imágenes de glorias y espectro de Broken en Meteored y en la página de Philip Laven.
  • ¿Cómo se forman las glorias?, detallado artículo de P. Laven.
  • Un comentario en “Glorias en el monte

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