Universo Cuántico

10-Septiembre-2009

El baile de Jano y Epimeteo

Archivado en: Astronomia — blackhawk @ 11:57
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Cada objeto del Sistema Solar (ya sea planeta, asteroide, satélite… ) parece tener una órbita fija en torno al Sol por la que pasa una y otra vez, tardando exactamente un año (terrestre, lunar, etc) en recorrer dicho camino (así es como se define el “año”).
Esto, sin embargo, sabemos que no se cumple con mucha frecuencia para los cometas más exteriores del Sistema Solar, my propensos a que perturbaciones ajenas perturben de repente su órbita haciendo adentrarse al interior del Sistema Solar, momento en el cual, con un poco de suerte, pueden pasar cerca del Sol y de la Tierra haciéndose visibles para nosotros, en un momento único o casi único debido a que éstos comentas retornarán hacia la Tierra al cabo de muchos años, o incluso nunca (si la perturbación inicial fue lo suficientemente fuerte).

Por otro lado, también conocemos que las órbitas de los planetas no son totalmente estables, sino que a largo plazo (después de muchos miles de años) son caóticas, sufriendo grandes cambios que hacen que dichos planetas acaben en posiciones totalmente diferentes a las iniciales.

En los anillos de Saturno

prometeo_pastor.jpg
Un lugar donde se dan fenómenos curiosos es en torno a Saturno, donde conviven multitud de satélites, en su mayor parte de unos pocos kilómetros de diámetro, junto con las innumerables partículas de polvo e hielo que conforman sus anillos.
Aquí, donde hay satélites en órbitas que están dentro de los propios anillos, se produce un pastoreo en el que la gravedad de dichos satélites va agrupando las partículas de los anillos en algunas órbitas y va dejando “limpias de polvo” otras.
Este es una de las causas por las que la estructura de los anillos de Saturno no es uniforme sino que presenta bandas con acumulación de polvo y otras que están prácticamente vacías de cualquier partícula.
Este hecho es lo que se puede ver en la imagen de la izquierda, donde la luna Prometeo va atrayendo parte del material del anillo F (los anillos de Saturno se clasifican por bandas, donde las mayores reciben el nombre de anillo A, B, C,… desde las más internas a las más externas, siendo F de las últimas y de las más débiles).

Con el paso del tiempo, el efecto de Prometeo y de otros satélites semejantes que hay en esa zona ha hecho que dicho anillo esté “comprimido” en esa línea, estando la región inmediatamente interior (donde está Prometeo) sin ningún resto de hielo o polvo.

Un caso más curioso aún: Jano y Epimeteo

Epimetheus_and_Janus.jpg Wikipedia
Por si fuera poco el “juego” que hay entre los satélites y los anillos de Saturno, hay una relación aún más curiosa entre dos satélites de dicho planeta: Jano y Epimeteo.
Estos dos satélites tienen casi la misma órbita, ya que éstas solo están separadas unos 50 km, lo que hace que cada vez que pasan cerca el uno del otro, sufran grandes perturbaciones.
Y esas perturbaciones se traducen en el único caso conocido donde ambos satélites intercambian sus órbitas, fenómeno que se produce una vez cada cuatro años.

Veamos por qué se produce esto:
Cuando los dos satélites se van acercando (el que se acerca siempre es el más interior ya que éste va más rápido por estar más cerca del planeta), la gravedad con la que se atraen ambos empieza a ser relevante (recordemos que se acercan hasta solo 50 km), produciendo que cada uno tire del otro hacía sí mismo.
Esto provoca que el que va por detrás (y más interno) sufra una aceleración hacia adelante, que es donde está el otro satélite, lo que provoca que aumente su velocidad y al ganar energía se aleje algo más del planeta.
Mientras tanto, el otro satélite sufre exactamente el fenómeno opuesto: sufre una fuerza hacia atrás, lo que le va frenando haciendo que pierda energía y vaya cayendo hacia el planeta.

Una vez que ambos satélites se han sobrepasado, quedan exactamente en las mismas órbitas, pero intercambiadas: el que iba por dentro está ahora en la órbita externa, y al revés. Pero sólo hasta el próximo encuentro…

Por supuesto, la rareza de éstas órbitas induce a pensar que se trata de un sistema relativamente joven, ya que de otra forma es posible que ya se hubiera desestabilizado haciendo que o bien cayesen hacia Saturno o se perdiesen por el espacio (o acabando en otras órbitas más alejadas).
Además, esta proximidad de ambos satélites hace pensar que se deba a que en sus orígenes hubiera sido un único satélite (o asteroide), pero que por alguna razón se fragmentó (bien por una colisión o por fuerzas de marea), produciendo finalmente al menos dos fragmentos grandes que hay los vemos como dos satélites distintos pero próximos.

Por último, un esquema del intercambio de ambas órbitas, realizado por la Universidad de Oregon.

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Más información:

  • Las imágenes utilizadas, tomadas por la sonda Cassini (NASA).
  • Artículo en La ciencia de la Mula Francis.
  • 21-Julio-2009

    Impacto sobre Júpiter

    Archivado en: Astronomia — blackhawk @ 21:00
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    Parece que se confirma lo que se venía rumoreando desde hace dos días, cuando el astrónomo aficionado Anthony Wesley obtuvo una imagen de Júpiter con su telescopio y observó cómo había aparecido una nueva mancha oscura sobre el planeta (visible cerca del polo superior del planeta en la imagen).

    Para empezar, recordemos que Júpiter es un gigante gaseoso (lo de gigante porque es unas 300 veces la Tierra), con lo que no tiene una superficie sólida como lo tiene nuestro planeta o la Luna, sino que todo él es una bola de gas (a excepción quizá de su núcleo, que se piensa pueda estar en fase sólida debido a las altas presiones existentes).
    Esto hace que al observarle, solo veamos las capas nubosas que recubren su superficie (con vientos de unos 500 km/h), en la cual predomina la Gran Mancha Roja, vista ya por Galileo que es una formación nubosa al estilo de un huracán que aún hoy continúa moviéndose por el planeta. Además de ésta, cabe añadir varias formaciones adicionales similares que suelen aparecer cada cierto tiempo y con vidas de meses incluso.

    La sorpresa vino de la nueva “mancha oscura” que se observó, ya que estas suelen ser provocadas por la entrada en dicha atmósfera de algún cuerpo extraterrestre, como ya ocurrió en el pasado con el cometa Shoemaker-Levy (en 1994).
    Al analizar dichas imágenes más las que han tomado otros observadores y observatorios, se ha podido deducir que ésto se debe efectivamente a la colisión de algún cuerpo, como puede ser un cometa o asteroide.

    Esto es relativamente frecuente (en términos astronómicos) observarlo en planetas grandes como es Júpiter, ya que debido a su gran gravedad, atraen a multitud de cuerpos que al pasar cerca de él, suelen ser desintegrados por las grandes fuerzas de marea a la que se ve sometido.

    Análogo al caso del cometa Shoemaker-Levy en 1994

    sl9.jpg

    En 1994 se produjo un fenómeno parecido a éste, solo que por aquel entonces era la primera vez que observábamos este tipo de fenómenos (principalmente porque ya estábamos en una época donde teníamos medios para observarlos). En este caso, dicho cometa, descubierto por la astrónoma Shoemaker y por Levy, pasó bastante cerca de Júpiter en su camino alrededor del Sol, lo que provocó que no pudiera soportar las intensas fuerzas de marea de dicho planeta y se fracturó en múltiples fragmentos (del orden de 20 principales).

    Después de esto, dichos fragmentos fueron cayendo paulatinamente sobre el planeta, en un fenómeno que tenía a varios observatorios, incluido el Hubble, observando dicho planeta, ya que se esperaba con entusiasmo el primer impacto observado de un cuerpo del Sistema Solar sobre un planeta como Júpiter.

    Al caer sobre el planeta, se observó cómo se formaban unas nubes negras que iban expandiéndose (eran el resultante de la onda de expansión provocada por la entrada de los fragmentos del cometa sobre la atmósfera joviana), y que, después de varias semanas, fueron desapareciendo.

    Atención a la prensa

    Como suele ser habitual en este tipo de noticias y como consecuencia de tener en los medios un sector científico (cuando le hay) en donde solo habitan periodistas que prácticamente nunca tienen el mínimo de cultura general científica, se puede encontrar noticias como esta de El Mundo donde anuncian que el cuerpo ha dejado un cráter sobre Júpiter mayor que el tamaño de la Tierra, lo cual es totalmente imposible ya que como hemos visto, Júpiter no tiene superficie sólida, y por tanto, cualquier cuerpo que “choque” contra dicho planeta, irá adentrándose cada vez más en la capa de nubes hasta que por fin sea totalmente destruido; o esta de 20 Minutos , donde aseguran que el objeto (cometa a asteroide como recalcan después) era mayor que la Tierra, lo cual lo convertiría, para empezar, en un planeta más que en un asteroide o cometa, y a continuación, en el 9º planeta del Sistema Solar (o difunto 9º planeta) que nunca se habría observado a pesar de su tamaño (no he tenido en cuenta a Plutón al decir lo de 9º planeta, que conste).
    De ser un planeta el que habría colisionado, (además de estar preparados todos los astrónomos de la Tierra con sus telescopios observando tal acontecimiento, ya que dicho planeta se conocería desde hace mucho tiempo) las consecuencias sobre la atmósfera de joviana hubieran sido bastante más notorias.

  • Noticia vista en Eureka.
  • Más información sobre la confirmación de este impacto en Universe Today (en inglés).
  • Gran información sobre el impacto del cometa Shoemaker-Levy en el JPL (NASA) (en inglés).
  • 15-Enero-2009

    Anomalías de las Pioneer

    Archivado en: Astronautica, Astronomia — blackhawk @ 18:44
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    pioneer.jpg

    Debido a que llevo varias semanas peleándome con este tema, he decidido comentarle también aquí (haciendo un breve resumen).

    Las Pioneer 10 y 11

    Las Pioneer 10 y 11 son dos sondas espaciales que envió la NASA en los años ‘72 y ‘73 para explorar los planetas Júpiter y Saturno, hasta entonces inexplorados.

    Ambas sondas eran gemelas en construcción, llevando una gran antena de comunicaciones, pilas nucleares (ya que a las distancias a las que iban a ir los paneles solares no eran eficientes) y con varios instrumentos científicos.

    Las dos naves pasaron por Júpiter (la P10 en el ‘73 y la P11 un año más tarde), ganando velocidad y tomando rumbos diferentes: la P10 tomó una trayectoria para alejarse del Sistema Solar, en dirección aproximada hacia la estrella Aldebarán, que se puede ver las noches de invierno como la estrella más brillante en la constelación de Tauro, a la que, en el caso de que consiguiese llegar, lo haría dentro de unos 2 millones de años.
    Mientras que la P11 se dirigió hacia Saturno, para después tomar una trayectoria similar a su gemela, solo que dirigiéndose en otra dirección.
    Debido a esto las dos sondas llevaban una placa donde se encontraba grabados un hombre y una mujer, así como la “localización” de la Tierra, por si alguna hipotética civilización extraterrestre encontrase algún día las naves.

    Finalmente, las sondas se sitúan actualmente a una distancia de unas 100 veces la distancia Sol-Tierra, aunque se perdió el contacto con ellas en 1995 (P11) y 2003 (P10).

    La anomalía

    A medida que se alejaban, las sondas iban transmitiendo información sobre su “estado” a Tierra, la cual fue analizándose poco a poco (durante varias décadas).

    Y analizándose estos datos, se comenzó a encontrar una cosa curiosa: se encontró que las naves se estaban frenando ligeramente más de lo debido (recordemos que aunque están demasiado lejos de la Tierra, el Sol las sigue atrayendo). Era una aceleración prácticamente inapreciable, casi en el borde de lo que se podía detectar, pero ahí estaba, y tenía una magnitud de aproximadamente 10-9 m / s2.

    Así que la pregunta era clara: ¿qué hacía frenar a la nave más de lo previsto?

    Primeras explicaciones

    Antes de nada, recordar que estamos en el espacio, donde no hay “aire” como aquí, luego un objeto que está moviéndose en el espacio no encuentra resistencia que lo frene.

    Así que las primeras hipótesis que se barajaron fueron las lógicas: en la nave se debe de estar produciendo algún fenómeno que frena la nave:

  • Dado que las naves llevan una reserva de combustible para poder hacer correcciones a sus órbitas, podrían tener alguna fuga de dicho combustible, lo que las haría frenar. Pero esta explicación no era coherente ya que es altamente improbable que se haya producido la misma fuga en el mismo punto de la nave, dejando escapar la misma cantidad de combustible en la misma dirección…
  • También se barajó que podría ser debido a un calor emitido por las naves en una dirección concreta (generado por las pilas nucleares que llevaban). De existir esto, podría ser idéntico en las dos naves por su construcción, pero éste calor debería decrecer con el tiempo debido a que las pilas nucleares van produciendo menor calor.
    Además, el efecto, de existir, sería bastante menor al encontrado.

    Y así se sugirieron varias posibles explicaciones, aunque con ninguna (ni juntando todas de la mejor forma posible) se llegó a explicar esta aceleración.

    Otras causas

    Abandonando estos razonamientos, se empezó a pensar que esta aceleración podría ser debida a causas ajenas a la nave, como una gravedad mayor de lo esperado, u otras influencias que no se tenían en cuenta.

    Esto se vio confirmado por la observación de una aceleración similar en otras naves (como la Galileo y la Ulysses).
    Así que el origen estaba claro: la aceleración no procedía de la nave.

    Las primeras hipótesis no tardaron en llegar:

  • Si hubiera otro cuerpo en el Sistema Solar (del tamaño de Plutón por ejemplo) podría atraer a la nave causando dicha aceleración. Aunque aquí también se propuso que más que un cuerpo, podría ser materia oscura presente en nuestro Sistema Solar.
    El problema de este razonamiento era que si se ajustaba dicha masa “desconocida” para que provocase tal aceleración, se descompensaba la órbita de los demás planetas, con lo cual esta masa nueva no podía existir ya que la órbita de los planetas es bien conocida desde hace muchos años.
  • También se pensó en que podría ser debido a que las partículas (polvo) que existe entre estrellas pudiera estar generando una fricción en la nave, pero esto parece muy improbable ya que por lo que se conoce la poca densidad que existe en el espacio no podría provocar este efecto.
  • Por supuesto, también hubo quienes propusieron que esto era un síntoma de que las leyes actuales de la física era erróneas y aquí se obtenía otra prueba nueva de ello.

    Explicación más probable

    Pero la posible solución (la más probable y la única que lo explica razonadamente en la actualidad) vino traída por una coincidencia que se descubrió sobre los ‘90:
    dicha aceleración tenía un valor prácticamente igual (y coherente dado los márgenes de error) a la cantidad c·H0 donde c es la velocidad de la luz, y H0 es la constante de expansión de Universo, o constante de Hubble.

    Esto hizo pensar que dicha aceleración podría tener relación con la expansión del Universo (aunque en principio esta no influía para distancias tan pequeñas).

    Y la explicación vino tras más de 35 años desde que se lanzaron las naves: debido a que el Universo no es totalmente plano (sino que el espacio-tiempo tiene una ligera curvatura), sobre las señales que emite la nave se produce un efecto similar al efecto Doppler (el de la ambulancia que se acerca, y por ello se oye la sirena más aguda) llamado corrimiento al azul (también existe la contrapartida: corrimiento al rojo que se suele oir más a menudo) que hace que dicha señal (que no deja de ser otra cosa que luz) tenga un tono más azulado de lo normal (en el caso en que pudiéramos ver la señal, ya que ésta es una señal de radio).

    Así que realmente no se trataba de ninguna aceleración que sufren las naves, sino más bien de un efecto que se produce sobre las señales que éstas envían a Tierra por estar las naves moviéndose y por estar el Universo expandiéndose.

    PD: parece que lo del “breve resumen” brilla por su ausencia después de escribirlo…

  • Aquí tenéis una descripción del proyecto de las Pioneer.
  • 9-Noviembre-2008

    Impactos de meteoros: de dónde provienen

    Archivado en: Astronomia, Fisica — blackhawk @ 12:24
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    meteoro.jpg

    Y ya acabando esta serie de entradas sobre meteoritos (salvo que se me ocurra alguno más), que espero no haya resultado demasiado pesada, comentemos de dónde proceden.

    Supongo que a estas alturas nadie espere que vengan debido a algún vecino extraterrestre que nos tiene manía y nos va lanzando rocas de cuando en cuando (eso solo se lo hacemos al vecino de enfrente), así que queda explicar cómo llegan hasta aquí.

    Origen de los más pequeños

    Como comentamos, la mayoría son insignificantes bolillas de menos de un milímetro de diámetro. Éstas normalmente son partículas que han ido soltando los cometas al acercarse al Sol. Como vimos, los cometas al acercarse al Sol desprenden una cola de polvo, que va “ensuciando” toda el camino por donde pasan dejando estas pequeñas partículas (al igual que esos domingueros que llevan el tubo de escape roto desde hace 500 km y van dejando una significante “cola” de polvo, en este caso de color negro…).

    Así que si un cometa tiene una órbita que se aproxime en algún punto a la de la Tierra, dejará por esta zona una gran cantidad de pequeñas partículas, esperando a que llege la Tierra para bombardearla.
    Esto, que puede parecer difícil de ocurrir, es muy común, y en las fechas en que la Tierra corta este “punto negro” (por donde pasó el cometa) se produce una gran cantidad de meteoritos, a lo que se le da el nombre de lluvia de estrellas, ya que, al igual que cuando llueve, parece que todas las partículas provengan de un mismo punto.
    La mayor parte de las lluvias de estrellas (las lágrimas de San Lorenzo o perseidas, por poner un ejemplo) son producidas por estos “desperdicios” de los cometas (me acabo de cargar todo el “origen místico” que se le otorga por parte de ciertos individuos, lo sé…). Así, las perseidas son provocadas por el cometa Swift-Tuttle, o las oriónidas por el famoso Halley.

    Los de tamaño medio

    Por otra parte, los meteoritos de tamaños de unos centímetros o decenas de centímetros, suelen provenir, o bien de restos de cometas también, o de otros cuerpos del Sistema Solar, como puede ser la Luna o Marte.
    La Luna no tiene atmósfera, así que todas las partículas que chocan contra ella llegan enteritas a su superficie (ya que al no tener atmósfera, no se queman en ésta al entrar), así en el choque contra la superficie, es relativamente frecuente que “salten” restos de la superficie al espacio, y si tienen suficiente velocidad se escaparán al espacio y no volverán a caer a la Luna.
    Como somos los más cercanos a ésta, somos los destinatarios que más reciben estas rocas, habiéndose encontrado ya varios meteoritos procedentes de la Luna (se sabe que proceden de ésta por la composición, única para cada cuerpo del Sistema Solar).
    Aunque más difícil, también se han encontrado meteoritos procedentes de Marte. Mucho más escasos debido a la lejanía de éste planeta (en comparación a la de la Tierra) y a que tiene mayor gravedad que la Luna, lo que hace que las rocas necesiten una velocidad mayor para escapar de él.

    Los salvajes

    Por último, queda comentar de dónde proceden los que causan unas consecuencias más catastróficas o notables. Éstos, es difícil que se produzcan como consecuencia de material escapado de la superficie de algún planeta, ya que la energía necesaria para lanzarlos a esa velocidad es muy grande.
    Así que la explicación es otra: la mayor parte son asteroides o cometas, que han sido perturbados por la gravedad de algún planeta y han sido lanzados hacia aquí, chocando contra la Tierra. O también pueden ser restos de algún cometa (que, por ejemplo, se haya fragmentado) y mientras el cometa (o su mayor parte) a seguido por el espacio, este fragmento ha sido atraído por la Tierra.

    Para finalizar, cabe destacar que durante la formación del Sistema Solar, se tiene varios indicios de choques entre cuerpos que ya se considerarían planetas, lo que da lugar a unas consecuencias bastantes bestiales.
    La Luna se cree que se formó por los fragmentos que se emitieron al chocar la Tierra con un cuerpo del tamaño de Marte.
    La rotación de Venus (lo que produce los días), en sentido contrario a la de los demás planetas, es probable que sea debida a un choque con un cuerpo de gran tamaño.
    El eje de rotación de Urano, que está inclinado unos 90º respecto a su movimiento en torno al Sol (el de la Tierra es de unos 24º y ya es grande), lo que lo hace estar tumbado durante su viaje en torno al Sol, es debido a un choque con otro gran cuerpo.

    6-Noviembre-2008

    Impactos de meteoros: Tunguska

    Archivado en: Astronomia, Fisica — blackhawk @ 18:36
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    Hoy comenzaré la primera de algunas entradas sobre diversos impactos que se han producido en la Tierra, con consecuencias más o menos relevantes.

    Empecemos por un impacto reciente en términos de grandes choques contra la Tierra, del que este año se cumplen 100 años: el impacto de Tunguska.

    tunguska.png

    Situémonos en Tunguska, una región aislada por taiga en la siempre inaccesible Siberia.
    Son cerca de las 7:15 de la mañana (hora local de allí) del día 30 de junio de 1908, cuando salimos de nuestra casa bien fresquitos (en sentido literal, porque probablemente encontremos varias decenas de grados bajo cero), cuando de repente vemos en el cielo una bola gigantesca de fuego, que estalla y nos despierta (o eso o nos duerme eternamente) con una explosión equivalente a unas 1000 bombas de Hiroshima.

    tunguska_imacto.png

    Por suerte, nosotros no estábamos ahí, ni casi nadie, ya que es una región bastante despoblada.
    Sin embargo, la explosión si pudo notarse en muchos lugares. Arrasó una superficie de unos 2000 kilómetros cuadrados de bosque (como media Cantabria) en la que dejó a todos los árboles (unos 80 millones) tumbados en el suelo, como consecuencia de la onda expansiva, y con dirección opuesta a la de la explosión. Un paisaje francamente desolador.
    Pero sus efectos llegaron también a Europa, donde, debido al polvo que depositó sobre la atmósfera, hasta los ingleses pudieron leer el periódico a media noche en plena calle, además de que en el viejo continente también sintieron parte del temblor debido a la explosión.

    ¿Qué ocurrió?

    Tunguska_arboles.png

    Hasta diecinueve años después no hubo ninguna misión en busca de la zona cero (recordemos que es Siberia, encontrar dónde se había producido era francamente difícil), y después de 19 años la zona seguía como se ve en la imagen de al lado.
    En esta expedición, se encontraron con el paisaje desolador que hemos descrito antes, aunque al menos les sirvió de ayuda para encontrar el lugar de impacto, ya que el bosque seguía arrasado, así que los árboles apuntaban directamente a dicho punto… solo tuvieron que seguir la dirección en que estaban tumbados.
    Sin embargo, al llegar al centro, se encontraron con que aquí los árboles seguían en pie, aunque totalmente arrasados: solo contaban con el tronco principal, como si fueran postes de teléfono.
    Esto indicaba que el objeto había estallado en el aire, y por eso justo encima de la explosión no tumbó a los árboles, solo los arrancó las ramas. Además, que los troncos hubieran permanecido en pie indicaban que la explosión fue suficientemente rápida como para cortar las ramas antes de que éstas pasasen dicho impulso al tronco y partir éste también. Este efecto también se vio tristemente 37 años después… en Hiroshima.

    Sin embargo, lo que más llamó la atención (como si lo anterior fuese algo que sucediese todos los días…) fue que no se encontró ningún resto del objeto. Cuando un meteorito cae en la Tierra, se desintegra casi totalmente, pero siempre queda algunos pequeños fragmentos en tierra…

    Esto avivó las hipótesis de que más que un pequeño (el objeto tenía unos 37 metros de diámetro) asteroide, podría haber sido un pequeño cometa, ya que éste, al estar compuesto en una gran parte por hielo, se podría haber desintegrado totalmente.

    Explicaciones actuales

    Aún sigue sin saberse si fue un asteroide o un cometa ya que no se han encontrado restos.
    Sin embargo, un equipo recientemente ha detectado que un lago cercano (lago Cheko) no existía en los mapas de antes del impacto, además de tener una forma propia de un cráter de impacto, y de tener en el fondo una roca que bien podría ser un resto del objeto.
    Esto encajaría con un pequeño fragmento que hubiese sobrevivido a la explosión en la atmósfera y finalmente se hubiera estrellado en tierra creando un cráter que se inundó formando un lago (algo muy común en fenómenos de este tipo).
    Así que por fin podría tenerse un resto que analizar. En un año lo sabremos…

    Información sobre este estudio: aquí (inglés) o (en español) en Investigación y Ciencia de octubre.

  • Ciencia @ NASA.
  • El Singular.
  • Esencia 21.
  • Astronomía fácil con Hermes.
  • 3-Noviembre-2008

    Tamaños y distancias del Sistema Solar

    Archivado en: Astronomia, Fisica — blackhawk @ 17:31
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    solarsystem.png

    El Sistema Solar está formado por una estrella: el Sol, en torno a la cual dan vueltas varios planetas, entre ellos la Tierra, además de otros cientos o miles de cuerpos menores (asteroides, cometas…) los cuales voy a ignorar en esta entrada (acción bastante frecuente cuando se habla del Sistema Solar).

    Normalmente vemos los tamaños que tienen los diferentes planetas, sus distancias al Sol, pero… ¿alguien consigue imaginarse esas distancias?

    Aquí vamos a explicar de forma intuitiva y con una analogía estas distancias y tamaños, para que puedas imaginarlas mejor.

    El Sol
    Reduzcamos el tamaño del Sol al de un balón de fútbol, a partir de aquí veamos dónde está cada planeta y qué tamaño tiene. Además, coloquémosle en el centro de la portería de un campo de fútbol.

    Mercurio
    Ahora llegamos al planeta más cercano al Sol: Mercurio. ¿A qué distancia lo situamos? Pues algo más cercano que el punto de penalti, a unos 9 m del Sol. Menos mal que es el planeta más cercano al Sol.
    Y falta su tamaño. Si el Sol es una balón de fútbol, Mercurio será… como la cabeza de un alfiler, con un diámetro de menos de 1 mm. Coged las gafas para verlo…

    Venus
    A continuación tenemos a Venus, nuestro “hermano”. Le situamos a una distancia de 13 m, justo a la misma distancia del punto de penalti que Mercurio, pero a la otra parte.
    ¿Y tamaño? Pues lo que nos encontraremos en un grano de arena (de tamaño medio-grande) de 2 mm de diámetro, con un color similar: ocre o amarillento.

    Tierra
    Y llegamos a nuestro gran planeta. Situado en el borde exterior del área, a unos 25 m de la portería, encontramos otro grano de arena, esta vez de color azulado, de unos 2 mm de diámetro.
    Y eso que nos parece grande… menuda birria de planeta! (recuerdo que el Sol es un balón de fútbol).

    Marte
    Y ahora toca Marte, el otro planeta que se podría adecuar para la vida.
    Estaría situado cerca del centro del campo, a unos 38 metros del Sol, y tendría aproximadamente un tamaño de la mitad de la Tierra: 1 mm.

    Cinturón de asteroides
    Cerca de la otra portería tendríamos al cinturón de asteroides, de los cuales no espereis tener una banda llena de pequeños granos, porque solamente contendrá unas 100 partículas de arena muy fina (de unos 0.1 mm) repartidas por cada metro.
    Así que despedíos de la idea de un cinturón de asteroides donde las naves van esquivándolos y si no chocan contra uno… aquí tienen que ir a lo kamikaze a por algún asteroide para darse contra él (sí son unos 100 asteroides en un metro, pero cada uno es de 0.1 mm así que imagínate cómo de separados están…).

    Júpiter
    Y llegamos a los gigantes gaseosos. Estos al menos tienen unos tamaño que permiten… verlos.
    Júpiter lo encontramos en las gradas opuestas a la portería solar (por tener el Sol ahí vamos…), a unos 130 m de éste, y con un tamaño de unos 2.5 cm: una aceituna vamos.

    Saturno
    Al planeta de los anillos le encontraríamos en los aparcamientos, a unos 237 m del Sol, y con un tamaño de una aceituna un poco más pequeña: de unos 2 cm. Eso sí con unos anillos alrededor de ésta (mi estómago está intrigado…).

    Urano
    A unos 490 m encontraríamos el hueso de la aceituna (¿quién ha sido?), de unos 8 mm de diámetro, de color azul claro… ése es Urano.

    Neptuno
    Y alejándonos un poco más, a unos 687 m encontramos otro hueso azulado, éste ligeramente inferior al anterior, llamado Neptuno.

    Plutón
    Y para los nostálgicos, pongamos a Plutón también.
    Se encontraría a 1 km del Sol, con el tamaño de unos 0.5 mm, una punta (gorda) de alfiler.
    Así que veamos: una punta de alfiler colocada a 1 km de un Sol que es un balón de fútbol… ¡normal que no le tengan en cuenta para planeta!. Parece bastante complicadillo encontrarlo.

    Estrella vecina: Próxima Centauri
    Por último, encontremos la posición de la estrella más cercana al Sol, que es Próxima Centauri.
    La encontraremos como una pelota de golf (unos 4 cm de diámetro) a unos 160 km. ¡Más lejos que Bilbao de Santander!
    Como para quedar para hacer un trabajo con nuestros vecinos…

    Y con esto acabamos nuestro recorrido por nuestro mini Sistema Solar.

  • Artículo original hecho por Rafa Ortega.
  • Blog de WordPress.com.