
Hoy os dejo una paradoja que les surgió a varios astrónomos importantes entre los siglos XII y XIX (entre ellos a Kepler y Halley) aunque finalmente se ha quedado con el nombre del astrónomo Olbers.
En esta época, comenzaban a preguntarse si el número de estrellas que había en el Universo era finito o si en cambio, había infinitas estrellas.
Pero pronto (o quizá no tan pronto bueno, seguro que llevó mucho tiempo llegar a estas conclusiones) se dieron cuenta de que si hubiera infinitas estrellas (repartidas de manera más o menos uniforme por el cielo), éstas cubrirían absolutamente todos los puntos del cielo (ya que al haber infinitas, veríamos infinitas estrellas mirásemos a donde mirásemos).
Entonces, si esto es así, por muy lejos que estuvieran éstas, siempre nos llegaría una cantidad de luz de ellas (más o menos brillante), y por lo tanto, veríamos luz en todos los puntos del cielo, pero luz debida a infinitas estrellas.
Con lo cual, deberíamos de ver un cielo totalmente iluminado por estas estrellas (mirásemos a donde mirásemos).
Como esto contradice el cielo oscuro que vemos cada noche (cuando está despejado, lo cual tampoco ocurre tan frecuentemente), se tuvo que concluir que en el Universo hay un número finito de estrellas. Puede que éste sea muy alto, pero siempre será finito.


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